10.13.2017

¿Qué más quieren de nosotros?



Por Rafael Morla

La muerte violenta de Yuniol, que también es una muerte social, nos llena de tristeza, incertidumbre, dolor,  y muchas interrogantes en torno al futuro de la sociedad dominicana. ¿Hacia dónde nos llevan? ¿Qué más quieren de nosotros?
Se robaron nuestros más caros sueños, acribillaron nuestros valores más queridos, nos quitaron el libre uso del espacio público, los hogares  convertidos en cárceles, vieron cerrar sus puertas, se llenaron de verjas, cámaras, alarmas y guachimanes.
El oro de las entrañas de la tierra patria se lo llevan a otros lares, y las aguas de los ríos y mares, se contaminan más y más, mientras la tala indiscriminada de árboles, amenaza la viabilidad y la sostenibilidad de la nación.
¿Qué más quieren de nosotros? Si ya no estoy seguro en ningún sitio: el hogar, una vez sagrado, fue profanado por la delincuencia, las ciudades, pueblos, y barrios, con sus calles de asfalto y aceras de cemento,  convertidos en  antros del vicio y la delincuencia, hace muchos años que no  son espacios de convivencia y desarrollo armonioso de la vida comunitaria.

Si ya no valemos por lo que somos, y hasta a la propia vida humana, se le ha puesto un precio en el  bajo mundo creado por la alta sociedad, ¿qué más quieren de nosotros?

7.31.2017

El COSTO DE LAS CAMPAÑAS ELECTORALES EN LA UASD

Por Rafael Morla

En la  Universidad Autónoma de Santo Domingo nadie gastaba un centavo para escalar posiciones, siendo el prestigio social y el mérito académico,  construidos sobre la base de un dilatado ejercicio profesional y una  identificación plena con los intereses del pueblo dominicano, las dos condiciones  exigidas por el electorado, para depositar su confianza y  voto a favor de un aspirante a dirigir cualquier puesto de dirección. Había negociaciones políticas,  es cierto, pero nunca se habló de dinero, ni de esa repartición enferma de puestos, que hoy pauta, condiciona y determina el comportamiento de aspirantes y electores.
Dr. Rafael Morla
Junto a los valores académicos, y las cosas buenas  que tiene la UASD, se ha desarrollado un mercado paralelo,  donde todo se compra y se vende, y hasta las personas más honorables y honestas, tienen su precio establecido en la bolsa de los acreedores que pululan en los corrillos universitarios. ¿Qué se compra? ¿Qué se vende? Se compran votos, apoyos, capacidades para atacar,  y derribar moral y socialmente a un competidor peligroso.  
Una parte del mundo uasdiano ha devenido en mercancía, fábula, engaño y mentira. Las primeras víctimas  son los candidatos  a la rectoría que ofrecen al electorado los puestos de la institución, como si fueran de su propiedad, compran candidaturas, con el objetivo de proyectar una supuesta fortaleza, elaboran programas que  no se  cumplen o son abandonados antes del intento, profundizando así los niveles de impertinencia académica e institucional,  sembrando  frustraciones en el alma de la gente y postergando para las calendas griegas los cambios necesarios. En verdad, es el camino transitado los últimos treinta y cinco años, y ya se realizan los ensayos y aprestos electorales que nos conducirán a más de lo mismo, y a  un nuevo matadero institucional a partir del  2018.
Si ayer se trataba de convencer  con ideas, valores y principios, hoy la seducción es  a través del valor de uso de las mercancías, cosas u objetos, que cuidadosamente los buscadores de votos colocan en manos  de los votantes. Botellas de vino, fiestas,  comida,  desayuno y cena, al ser consumidos  segregan una sustancia, que coloca subliminalmente en el cerebro el nombre de los candidatos donadores. Cuanto más invierte un aspirante, mayores son sus posibilidades de triunfo. ¡Dadme cuarenta millones de pesos y te pondré un rector! Expresión hija de los aires mercantilistas que soplan en la UASD del momento. La  aparición de la figura del acreedor es parte del mismo proceso.
Lo que acontece en la universidad es reflejo simplificado de la sociedad del espectáculo, caracterizada por el francés Guy Debord (1967) como la “afirmación de la apariencia” y “la falsa conciencia” o como aquel espacio social donde los sujetos asisten a la pérdida del sentido real de sus vidas, y donde  al final se tornan impotentes para distinguir los medios y fines de la propia existencia. Una prueba de esto, es que el dirigente o autoridad, no establece el necesario correlato entre el accionar de cada día, y las normas de la institución.
Antes llegar a rector o a cualquier puesto de dirección era un medio para promover cambios y transformaciones, hoy, se ha convertido en un negocio donde se invierten millones de pesos, y es de suponer que dicha inversión se  recupera con creces. Es obvio que este  punto es delicado, porque trae consigo muchos males y peligros para la institución, y hasta para la integridad física de las personas que asumen la responsabilidad en estas negociaciones.  No hay que ser demasiado inteligente, para concluir que veinte, treinta y hasta cuarenta millones de pesos que se invierten en largas y costosas campañas electorales, no salen del bolsillo de los candidatos, sino de los maletines de los acreedores. Siendo así, urge cambiar la forma de elección de las autoridades, y ya hay una propuesta de la Comisión de Reforma, que dicho sea de paso deber ser discutida y acogida.
Pero no será suficiente, es necesario al mismo tiempo, un cambio profundo de mentalidad en la gente, que ponga seriamente en peligro la cultura del dominicano, que siempre vive esperando que le den comida, que le hagan fiesta, que le compren el voto, que le hagan favores, para luego hipotecar su libertad y perder toda posibilidad de realizar una elección libre. Nadie va a la actividad de un candidato si no hay comida y bebida, en fin, sino  organiza innumerables  festines o banquetes, a lo largo del territorio nacional, en que se manifiesta la noble, siempre necesaria, misión académica de la UASD. ¿Qué consecuencias trae este comportamiento de los  electores, que por lo general son profesores y profesoras? El encarecimiento de las campañas, y por consiguiente la necesidad de los financistas.
Electores, si queremos que la UASD comience a cambiar, no aceptemos falsas promesas,  comidas,  festines y  los puestos de la universidad que deben ser llamados a concurso.  Si aún, sabiendo esto, insistimos en la necesidad de degustar una copa de vino, que cada cual pague el costo de lo consumido.  Así, seremos más libres, y comenzaremos a pensar seriamente en la posibilidad de que la Universidad Autónoma de Santo Domingo, además de primada de América, un día llegue a ser  la primera en calidad académica.
El autor es profesor de la Escuela de filosofía y ex decano de la Facultad de Humanidades.
Santo Domingo, 31de junio, 2017.
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6.28.2017

La UASD, Odebrecht y el Movimiento Verde

Por Rafael Morla
Ex decano de la UASD

El caso Odebrecht no tiene precedentes en la historia de Hispanoamérica, se trata de una verdadera red  creada para el tráfico de influencias,  encarecer el costo de las infraestructuras construidas en nuestros países y recibir sobornos para la adjudicación de obras, al margen de todo proceso de licitación y transparencia.   
En la sociedad todo está relacionado: una estafa, un engaño, y un soborno, traen  consecuencias económicas, políticas, sociales y morales,  directamente proporcionales  a su envergadura,  de ahí que el referido escándalo,  por su dimensión,  significado y proyección,  haya  dislocado la vida social de los  países involucrados. 
El dinero así obtenido, sirvió para financiar campañas electorales,  comprar y mover voluntades sociales y políticas, a fin de perpetuar en el poder a un  grupo de políticos corruptos y corruptores, que aprovechando la debilidad institucional de los países en cuestión, sobrepasaron los límites,  y dieron una especie de palo acechado a estos pueblos de América, siempre necesitados de recursos para invertirlos en educación, salud y otras expresiones del desarrollo social humano.
Doctor Rafael Morla
República dominicana, para vergüenza  y escarnio, estuvo a la  delantera, mostrando al mundo su decadente moral social, la carencia de escrúpulos de la clase política nacional, y las debilidades de sus instituciones republicanas. He recordado, en medio de  este escándalo que lacera profundamente el ser dominicano, la figura señera de don Américo Lugo, que al  ver las debilidades de la nación de sus días, solía plantear la tesis, de que aún no reuníamos los requisitos de una verdadera República.
¿Cuánta razón tenía este patriota extraordinario?
En el libro Modernidad, postmodernidad  y valores (2001), mostré mi preocupación profunda por  la crisis de valores existente en el país de entonces, 16 años después las cosas no han hecho más que empeorar, por lo que entiendo necesario un profundo movimiento de regeneración, a fin de revertir el creciente  proceso de deterioro del tejido económico, político, social y moral de la Nación dominicana.
Como dice el refrán, “no hay mal que por bien no venga”, el destape y conocimiento del llamado caso Odebrecht, entre otros, han puesto en movimiento la opinión nacional que reclama justicia y castigo para los culpables, así como la devolución de  los bienes sustraídos al pueblo, su legítimo dueño, para que sean invertidos en el pago de una porción  mínima, en relación con la cuantiosa deuda social contraída con los desposeídos y excluidos de todo bien social en esta tierra dominicana.
Esos reclamos justicieros, contra todo pronóstico, vienen siendo empujados por el Movimiento Verde, símbolo de la esperanza nacional, en tiempos de crisis y caída del proyecto humano de vida. ¿A cuáles males apunta el Movimiento Verde?  A la sustracción de los bienes públicos,  la falta de transparencia e institucionalidad, al clientelismo y el nepotismo, la impunidad y la injusticia. ¿Qué relación guardan las demandas de este movimiento, con los problemas que tiene que resolver la UASD para su  relanzamiento y demás requerimientos de mejoras y cambios?
Para nadie es secreto que los candidatos a la rectoría en la UASD gastan cantidades exorbitantes de dinero en las campañas que realizan cada periodo electoral, y todo el mundo se plantea  interrogantes al respecto, a saber: ¿De dónde sale ese dinero? ¿Quién o quiénes lo proporcionan? ¿Cómo retorna al acreedor el costo financiero de la inversión realizada? Esto acontece realmente, pero se desliza hacia ámbitos oscuros, peligrosos y misteriosos, en un intento como todo lo inmoral e injusto por borrar sus huellas.
Con este sólo hecho,  aunque no existiera ningún otro, que atraviesa transversalmente la vida moral e institucional de la UASD, y que por demás,  trae  clientelismo, favoritismo y  mediocridad, es suficiente para que la universidad esté cuestionada, y su misión y valores permanentemente relegados y olvidados. Cuando la corrupción nos hace perder la razón y la lógica, los principios se van a pique y el proyecto social de vida se desvanece.
En mi opinión,  las autoridades de la UASD, y sobre todo los candidatos a la rectoría, no pueden ser indiferentes a los reclamos del Movimiento Verde, porque se trata de reclamos de la sociedad dominicana, la misma que desde hace 35 años, viene reclamando cambios significativos, que contribuyan a elevar la calidad del quehacer institucional y académico de la más antigua universidad del nuevo mundo.  Lo que se reclama afuera, salvo pequeños ajustes, podría ser reivindicado a lo interno, por las diversas fuerzas y personalidades, que vienen levantando su voz a favor de cambios importantes, que van desde elevación de los niveles de competitividad,  la ética del comportamiento y la gerencia, hasta asuntos de orden institucional, que permitan la asunción de una autonomía responsable.
Los que amamos la UASD de verdad, los agradecidos, sabemos que nuestra academia no está tan mal como dicen sus permanentes detractores, aunque es de sabio reconocer, que no estamos todo lo bien que queremos, nos  merecemos  y debemos  estar. Entonces, pongamos los oídos en los reclamos del pueblo, diseñemos un nuevo acuerdo, asumamos la responsabilidad por los cambios necesarios,  hagamos ahora lo que hay que hacer, y no esperemos que se genere un Movimiento Verde o de cualquier otro color, que marche sobre nosotros.
El autor  es profesor de filosofía y ex decano de la Facultad de Humanidades de la UASD
Santo Domingo, 25 de junio del año 2017.


3.09.2017

Día Internacional de la Mujer

En Día Internacional de la Mujer

¿Qué se puede esperar?. Sobre todo que haya más igualdad entre el hombre y la mujer, que la propia sociedad propicie espacios de inclusión para las mujeres, que ellas mismas sean educadas para que no le transmitan el machismo al niño que sale de su vientre, o el hembrismo, sin más, a las niñas.
La integración de la mujer es vertiginosa, y muestro mi alegría y satisfacción en este día tan especial, pero hay que generar instancias sociales, que posibiliten la comprensión de los propios procesos de integración de la mujer, por parte del hombre, que sigue valorando y tratando la mujer a la vieja usanza, como si nada hubiera pasado en los últimos 30 años. 
Educar al hombre para sea un ser humano, no un macho, que rivaliza con la mujer, la manipula, la usa, constituye para mí un elemento clave del desarrollo social de nuestros tiempos, porque no puede haber mujer liberada, empoderada, dueña y responsable de sí, mientras existan padrotes, con cerebros genitales, que recelan del avance del ser que tienen al lado, en vez de integrarla con entusiasmo al desarrollo del proyecto común de vida. 
Mis felicitaciones, y cuenten conmigo.

2.14.2017

Los héroes del absurdo



Por Rafael Morla
Ex Decano de la Facultad de Humanidades de la UASD

Amanecimos hoy con la continuidad del boicot del semestre 2017-1, por parte de un grupo de profesores a nombre de FAPROUASD, mientras los estudiantes andan desorientados por el Campus universitario, anhelando el pan de la enseñanza, sin lograr concretizar sus aspiraciones.

Siempre he dicho, ahora lo escribo: FAPROUASD es una franquicia que los grupos y candidatos a la rectoría activan al final de los periodos de autoridades, con el objetivo  de minar las bases de la autoridad correspondiente, para  que esta no pueda imponer al rector de su agrado, y en esta oportunidad  se advierte lo mismo, con miras a las próximas elecciones universitarias del 2018. Es un problema sistémico, que genera el modelo colapsado, que por efecto de la muerte del Movimiento Renovador subsiste en la UASD. Por ejemplo, sin la huelga del periodo 2011-2014, las denuncias acusaciones que se llevaron a cabo en ese contexto, el resultado de las elecciones correspondientes hubiera sido otro.

En el fondo, los dirigentes nos convertimos en marionetas de un sistema, en héroes del absurdo, como en  la crisis del momento. Pronostico que no hay salida a la vista, porque aún falta tiempo para conseguir los verdaderos objetivos, que son:
Desacreditar la institución, para que no le aumenten el presupuesto.
Hundir la presente gestión, a fin de reducir su incidencia en las próximas  elecciones universitarias.
Empujar a los estudiantes con el propósito de que emigren a otras universidades.
Desviar la atención del país en relación a los casos de corrupción.
Continuar los desordenes para que se profundice la impertinencia en la UASD.
Logrados estos puntos,  continuamos con el actual presidente de la FED,  y se crean las condiciones para que en el 2018 la UASD tenga el peor de los rectores. Esto llegó a donde tenía que llegar: el punto ideal, tras el cual solo nos queda cambiar. Nunca es tarde, si vive en nosotros el sentimiento de un futuro mejor.

El autor es profesor de la Escuela de Filosofía y ex decano de la Facultad de Humanidades.

Santo Domingo, 14 de febrero, 2017.


2.08.2017

La UASD y la búsqueda de un camino


Por Rafael Morla
Ex  Decano de la Facultad de Humanidades de la UASD
Conocí un camino llamado Movimiento Renovador Universitario, que fue horizonte e inspiración para decenas de gentes, que creyeron en una universidad  abierta a los hijos del pueblo, que asumió con responsabilidad la sagrada misión de llevar a los jóvenes una educación de calidad, crítica,  llena de fundamentos esperanzadores en relación al futuro de la nación dominicana.
Profesor de Filosofía de la UASD
Nadie hablaba de acreditación en los años primerizos del Movimiento Renovador, pero los profesores y estudiantes asumían que la educación estaba al servicio de la patria y la nación dominicana. En lo  íntimo, trataban de dar lo mejor de sí, el primero, porque tenía que entregar a la sociedad un profesional de calidad, y el segundo, por el afán de afrontar con éxito la encomienda de servir a su pueblo. ¡Qué responsabilidad! ¿Cuánta belleza hay en estos sentimientos?
La década del 80, calificada de perdida en su momento, desde los puntos de vista económico, político, social, ideológico y moral, condicionó y determinó  un profundo proceso de anomia e inflexión de la vida institucional y académica de la  Universidad Autónoma de Santo Domingo. Todo cambió negativamente, fue un huracán batatero que arrasó por doquier. La gente frustrada, vio el edificio del mundo derrumbarse a sus pies, sintió la ausencia de espacios  para  movimientos de redención social, el horror al vacío, le hizo suponer que ya no eran necesarias,  la  ética de la solidaridad, las normas del comportamiento correcto, el bien ser, y los criterios del bien hacer. Fue una desorientación y desmoralización colectiva. Desde ese momento andamos ciegos por el mundo, sin rumbo claro, esperando que un día las cosas cambien.
Lo que pasó, en parte sigue entre nosotros, y obedeció a cambios profundos en la realidad social dominicana, no hubo nada de magia o casualidad en ello. Incluso, los desequilibrios, distorsiones,  la desorientación, la irresponsabilidad, el conservadurismo, el miedo, el silencio,  el amiguismo, el pesimismo, el inmediatismo,  el dame lo mío, que hoy conviven en la UASD, y que han hecho de ella una institución enferma, se explican en el contexto de las circunstancias indicadas, cuyos efectos, en todos los órdenes,  se extienden hasta nuestros días.
La situación de la UASD, reflejo aproximado de la ausencia de proyectos o modelos de desarrollo social, es también crisis del sujeto, y cuando hablo de  sujeto me refiero a un grupo de hombres y mujeres conscientes, empoderados, con voluntad de cambios, que desafiando los peligros, dan un paso adelante, asumiendo la responsabilidad por las transformaciones que la institución necesita, en términos de docencia, investigación y extensión de calidad. ¿Qué pasa cuando se divorcian las normas y principios que rigen la vida de una institución, por un lado, y las personas llamadas a llevarlos a la práctica, por el otro? Se inaugura una era de incertidumbre, inseguridad, caos, desórdenes, fragmentación,  y pesimismo, en relación con el presente y el futuro.
Gracias a las crisis persistentes y reiterativas, entre las que incluyo el actual boicot del semestre 2017-1, (después de un asueto docente de 60 días, algo sin precedentes, porque se trata de un paro, sin haber arrancado, y de una huelga sin haber trabajado),  llegué a la conclusión de que en la UASD no hay camino, pues, aquel  que nos indicaron los padres del Movimiento Renovador fue cerrado, y que si queremos seguir existiendo con algún propósito claro frente a la sociedad dominicana, estamos ante la urgencia de crear un  camino nuevo. Nuevo, por las ideas que lo orienten, por el fundamento moral de su práctica, por su capacidad para diagnosticar y afrontar los problemas, nuevo por el espíritu dialógico y unitario, en fin, nuevo porque renuncia a ser un problema, para ser parte de la solución.
 “… ¡Caminante no hay camino, se hace camino al andar!...”. (Decía el poeta español Antonio Machado).   No obstante, ¡Sólo la Universidad Autónoma de Santo Domingo decide si se levanta! Uasdiano, sube la bandera, piensa, trabaja, lucha y el futuro te pertenecerá.
El autor es profesor de la Escuela de Filosofía y ex decano de la Facultad de Humanidades.

Santo Domingo, República Dominicana, 8 de febrero, 2017.

2.03.2017

La UASD: de una idea mala a una idea buen


Por Rafael Morla

La peor  idea o decisión que he visto y sufrido en 30 años que llevo en la Universidad Autónoma de Santo Domingo es aquella que tomaron varios profesores, en nombre de FAPROUASD, consistente en boicotear el inicio del semestre 2017-1, después de una asueto docente de 60 días.

Lo anterior no tiene justificación, aunque quiera ampararse en un supuesto aumento, que siempre será pírrico en relación al daño que se ocasiona. ¿Cómo es que gentes pensantes no pueden verlo? Se trata de una crisis reiterativa, durante los últimos 30 años, que indica la necesidad de crear nuevos caminos que conduzcan a la institución, hacia el trabajo permanente e ininterrumpido, a una disciplina académica rigurosa, hacia la  vida ética y ejemplar, hacia el orden institucional, en fin, al cumplimiento de la misión universitaria, tan elegantemente expresada en el Estatuto Orgánico  de la UASD.
La sociedad dominicana espera ansiosa un cambio de actitud de nosotros (autoridades, gremios, profesores, estudiantes y empleados), y sin embargo, respondemos con traspiés, lo que sugiere que no se está entendiendo el momento particularmente sensible en que se encuentra la más antigua universidad fundada por Europa en América.

El horno no está para galletitas, ni para juego de niños, ni para campaña, ni para construir trayectorias a nadie, y menos, sobre la ruina de una institución como la UASD, grande por su historia, grande por lo que hace,  y por lo que debe hacer. Somos, por demás, aunque muchos no puedan verlo, una institución rica, en bienes tangibles e intangibles, pero, durante los años 60-70, décadas de solidaridad y lucha, se nos metió en la cabeza que éramos pobres, siendo ricos.  Desde entonces, andamos por el mundo mostrando nuestra pobreza, denigrándonos  los unos a los otros, y ocultando las riquezas que adornan nuestro espíritu.

Uasdiano, despierta, levántate, camina, piensa y transforma la realidad. Una institución académica es ente activo y dinámico, inserta en un mundo de relaciones económicas, políticas, sociales, culturales e ideológicas, donde nada humano le es ajeno: el bienestar colectivo, la calidad de la educación, la salud de la población, la violencia, las instituciones sociales y políticas, la cultura de la nación, las ideas sobre el pasado, el presente y el futuro, el mundo de fe y creencias del pueblo, los valores y la práctica moral, y por supuesto, lo que acontece en  el resto del mundo.
Un renacentista, Nicolás Copérnico, cambió el mundo, simplemente, con decir que la tierra no era el centro del universo, sino el Sol, y que alrededor  suyo giraban los planetas; y un alemán del siglo XVIII, Emmanuel Kant, se le ocurrió pensar, si no era mejor partir del sujeto para llegar al objeto, en vez de la vieja usanza, que en la construcción epistémica del conocimiento se movía siempre del objeto al sujeto, produciendo así lo que se llama en filosofía la revolución copernicana.¿ Por qué no comenzamos a ensayar  las vías que hagan posible que el gobierno entregue los recursos sin necesidad de vivir de rodillas?

Bajemos las manos que permanentemente tenemos tendidas frente las puertas del Palacio Nacional, trabajemos duro para construir una academia de calidad, atenta a los problemas nacionales y del mundo,  ejemplar,  por los valores que orientan su vida institucional. ¿No ésta una buena idea?
El autor es profesor de la Escuela de Filosofía y ex decano de la Facultad de Humanidades de la UASD.


Santo Domingo, República Dominicana,  de febrero, 2017.