3.09.2017

Día Internacional de la Mujer

En Día Internacional de la Mujer

¿Qué se puede esperar?. Sobre todo que haya más igualdad entre el hombre y la mujer, que la propia sociedad propicie espacios de inclusión para las mujeres, que ellas mismas sean educadas para que no le transmitan el machismo al niño que sale de su vientre, o el hembrismo, sin más, a las niñas.
La integración de la mujer es vertiginosa, y muestro mi alegría y satisfacción en este día tan especial, pero hay que generar instancias sociales, que posibiliten la comprensión de los propios procesos de integración de la mujer, por parte del hombre, que sigue valorando y tratando la mujer a la vieja usanza, como si nada hubiera pasado en los últimos 30 años. 
Educar al hombre para sea un ser humano, no un macho, que rivaliza con la mujer, la manipula, la usa, constituye para mí un elemento clave del desarrollo social de nuestros tiempos, porque no puede haber mujer liberada, empoderada, dueña y responsable de sí, mientras existan padrotes, con cerebros genitales, que recelan del avance del ser que tienen al lado, en vez de integrarla con entusiasmo al desarrollo del proyecto común de vida. 
Mis felicitaciones, y cuenten conmigo.

2.14.2017

Los héroes del absurdo



Por Rafael Morla
Ex Decano de la Facultad de Humanidades de la UASD

Amanecimos hoy con la continuidad del boicot del semestre 2017-1, por parte de un grupo de profesores a nombre de FAPROUASD, mientras los estudiantes andan desorientados por el Campus universitario, anhelando el pan de la enseñanza, sin lograr concretizar sus aspiraciones.

Siempre he dicho, ahora lo escribo: FAPROUASD es una franquicia que los grupos y candidatos a la rectoría activan al final de los periodos de autoridades, con el objetivo  de minar las bases de la autoridad correspondiente, para  que esta no pueda imponer al rector de su agrado, y en esta oportunidad  se advierte lo mismo, con miras a las próximas elecciones universitarias del 2018. Es un problema sistémico, que genera el modelo colapsado, que por efecto de la muerte del Movimiento Renovador subsiste en la UASD. Por ejemplo, sin la huelga del periodo 2011-2014, las denuncias acusaciones que se llevaron a cabo en ese contexto, el resultado de las elecciones correspondientes hubiera sido otro.

En el fondo, los dirigentes nos convertimos en marionetas de un sistema, en héroes del absurdo, como en  la crisis del momento. Pronostico que no hay salida a la vista, porque aún falta tiempo para conseguir los verdaderos objetivos, que son:
Desacreditar la institución, para que no le aumenten el presupuesto.
Hundir la presente gestión, a fin de reducir su incidencia en las próximas  elecciones universitarias.
Empujar a los estudiantes con el propósito de que emigren a otras universidades.
Desviar la atención del país en relación a los casos de corrupción.
Continuar los desordenes para que se profundice la impertinencia en la UASD.
Logrados estos puntos,  continuamos con el actual presidente de la FED,  y se crean las condiciones para que en el 2018 la UASD tenga el peor de los rectores. Esto llegó a donde tenía que llegar: el punto ideal, tras el cual solo nos queda cambiar. Nunca es tarde, si vive en nosotros el sentimiento de un futuro mejor.

El autor es profesor de la Escuela de Filosofía y ex decano de la Facultad de Humanidades.

Santo Domingo, 14 de febrero, 2017.


2.08.2017

La UASD y la búsqueda de un camino


Por Rafael Morla
Ex  Decano de la Facultad de Humanidades de la UASD
Conocí un camino llamado Movimiento Renovador Universitario, que fue horizonte e inspiración para decenas de gentes, que creyeron en una universidad  abierta a los hijos del pueblo, que asumió con responsabilidad la sagrada misión de llevar a los jóvenes una educación de calidad, crítica,  llena de fundamentos esperanzadores en relación al futuro de la nación dominicana.
Profesor de Filosofía de la UASD
Nadie hablaba de acreditación en los años primerizos del Movimiento Renovador, pero los profesores y estudiantes asumían que la educación estaba al servicio de la patria y la nación dominicana. En lo  íntimo, trataban de dar lo mejor de sí, el primero, porque tenía que entregar a la sociedad un profesional de calidad, y el segundo, por el afán de afrontar con éxito la encomienda de servir a su pueblo. ¡Qué responsabilidad! ¿Cuánta belleza hay en estos sentimientos?
La década del 80, calificada de perdida en su momento, desde los puntos de vista económico, político, social, ideológico y moral, condicionó y determinó  un profundo proceso de anomia e inflexión de la vida institucional y académica de la  Universidad Autónoma de Santo Domingo. Todo cambió negativamente, fue un huracán batatero que arrasó por doquier. La gente frustrada, vio el edificio del mundo derrumbarse a sus pies, sintió la ausencia de espacios  para  movimientos de redención social, el horror al vacío, le hizo suponer que ya no eran necesarias,  la  ética de la solidaridad, las normas del comportamiento correcto, el bien ser, y los criterios del bien hacer. Fue una desorientación y desmoralización colectiva. Desde ese momento andamos ciegos por el mundo, sin rumbo claro, esperando que un día las cosas cambien.
Lo que pasó, en parte sigue entre nosotros, y obedeció a cambios profundos en la realidad social dominicana, no hubo nada de magia o casualidad en ello. Incluso, los desequilibrios, distorsiones,  la desorientación, la irresponsabilidad, el conservadurismo, el miedo, el silencio,  el amiguismo, el pesimismo, el inmediatismo,  el dame lo mío, que hoy conviven en la UASD, y que han hecho de ella una institución enferma, se explican en el contexto de las circunstancias indicadas, cuyos efectos, en todos los órdenes,  se extienden hasta nuestros días.
La situación de la UASD, reflejo aproximado de la ausencia de proyectos o modelos de desarrollo social, es también crisis del sujeto, y cuando hablo de  sujeto me refiero a un grupo de hombres y mujeres conscientes, empoderados, con voluntad de cambios, que desafiando los peligros, dan un paso adelante, asumiendo la responsabilidad por las transformaciones que la institución necesita, en términos de docencia, investigación y extensión de calidad. ¿Qué pasa cuando se divorcian las normas y principios que rigen la vida de una institución, por un lado, y las personas llamadas a llevarlos a la práctica, por el otro? Se inaugura una era de incertidumbre, inseguridad, caos, desórdenes, fragmentación,  y pesimismo, en relación con el presente y el futuro.
Gracias a las crisis persistentes y reiterativas, entre las que incluyo el actual boicot del semestre 2017-1, (después de un asueto docente de 60 días, algo sin precedentes, porque se trata de un paro, sin haber arrancado, y de una huelga sin haber trabajado),  llegué a la conclusión de que en la UASD no hay camino, pues, aquel  que nos indicaron los padres del Movimiento Renovador fue cerrado, y que si queremos seguir existiendo con algún propósito claro frente a la sociedad dominicana, estamos ante la urgencia de crear un  camino nuevo. Nuevo, por las ideas que lo orienten, por el fundamento moral de su práctica, por su capacidad para diagnosticar y afrontar los problemas, nuevo por el espíritu dialógico y unitario, en fin, nuevo porque renuncia a ser un problema, para ser parte de la solución.
 “… ¡Caminante no hay camino, se hace camino al andar!...”. (Decía el poeta español Antonio Machado).   No obstante, ¡Sólo la Universidad Autónoma de Santo Domingo decide si se levanta! Uasdiano, sube la bandera, piensa, trabaja, lucha y el futuro te pertenecerá.
El autor es profesor de la Escuela de Filosofía y ex decano de la Facultad de Humanidades.

Santo Domingo, República Dominicana, 8 de febrero, 2017.

2.03.2017

La UASD: de una idea mala a una idea buen


Por Rafael Morla

La peor  idea o decisión que he visto y sufrido en 30 años que llevo en la Universidad Autónoma de Santo Domingo es aquella que tomaron varios profesores, en nombre de FAPROUASD, consistente en boicotear el inicio del semestre 2017-1, después de una asueto docente de 60 días.

Lo anterior no tiene justificación, aunque quiera ampararse en un supuesto aumento, que siempre será pírrico en relación al daño que se ocasiona. ¿Cómo es que gentes pensantes no pueden verlo? Se trata de una crisis reiterativa, durante los últimos 30 años, que indica la necesidad de crear nuevos caminos que conduzcan a la institución, hacia el trabajo permanente e ininterrumpido, a una disciplina académica rigurosa, hacia la  vida ética y ejemplar, hacia el orden institucional, en fin, al cumplimiento de la misión universitaria, tan elegantemente expresada en el Estatuto Orgánico  de la UASD.
La sociedad dominicana espera ansiosa un cambio de actitud de nosotros (autoridades, gremios, profesores, estudiantes y empleados), y sin embargo, respondemos con traspiés, lo que sugiere que no se está entendiendo el momento particularmente sensible en que se encuentra la más antigua universidad fundada por Europa en América.

El horno no está para galletitas, ni para juego de niños, ni para campaña, ni para construir trayectorias a nadie, y menos, sobre la ruina de una institución como la UASD, grande por su historia, grande por lo que hace,  y por lo que debe hacer. Somos, por demás, aunque muchos no puedan verlo, una institución rica, en bienes tangibles e intangibles, pero, durante los años 60-70, décadas de solidaridad y lucha, se nos metió en la cabeza que éramos pobres, siendo ricos.  Desde entonces, andamos por el mundo mostrando nuestra pobreza, denigrándonos  los unos a los otros, y ocultando las riquezas que adornan nuestro espíritu.

Uasdiano, despierta, levántate, camina, piensa y transforma la realidad. Una institución académica es ente activo y dinámico, inserta en un mundo de relaciones económicas, políticas, sociales, culturales e ideológicas, donde nada humano le es ajeno: el bienestar colectivo, la calidad de la educación, la salud de la población, la violencia, las instituciones sociales y políticas, la cultura de la nación, las ideas sobre el pasado, el presente y el futuro, el mundo de fe y creencias del pueblo, los valores y la práctica moral, y por supuesto, lo que acontece en  el resto del mundo.
Un renacentista, Nicolás Copérnico, cambió el mundo, simplemente, con decir que la tierra no era el centro del universo, sino el Sol, y que alrededor  suyo giraban los planetas; y un alemán del siglo XVIII, Emmanuel Kant, se le ocurrió pensar, si no era mejor partir del sujeto para llegar al objeto, en vez de la vieja usanza, que en la construcción epistémica del conocimiento se movía siempre del objeto al sujeto, produciendo así lo que se llama en filosofía la revolución copernicana.¿ Por qué no comenzamos a ensayar  las vías que hagan posible que el gobierno entregue los recursos sin necesidad de vivir de rodillas?

Bajemos las manos que permanentemente tenemos tendidas frente las puertas del Palacio Nacional, trabajemos duro para construir una academia de calidad, atenta a los problemas nacionales y del mundo,  ejemplar,  por los valores que orientan su vida institucional. ¿No ésta una buena idea?
El autor es profesor de la Escuela de Filosofía y ex decano de la Facultad de Humanidades de la UASD.


Santo Domingo, República Dominicana,  de febrero, 2017.

2.04.2016

¿A quién le duele la UASD?

¿A quién le duele la UASD?

Por Rafael Morla
Catedrático de la UASD.

Tengo muchos años arrastrando, como si fuera una pesada cadena, una gran preocupación,  la cual se expresa, en la pregunta, ¿A quién le duele la UASD? Porque de los años de  militancia política, recuerdo que los grupos estudiantiles, a lo largo de los años 70, y aún, al inicio de la década del 80, colocaban en su agenda, la situación de la UASD. Hoy, nadie se preocupa seriamente por esa institución histórica que lleva el nombre de Universidad Autónoma de Santo Domingo. .
Podría decirse que esa institución, con una trayectoria tan gloriosa, y digna de mejor presente y futuro, no tiene suerte con sus hijos. Ella los pare, los cuida, los lleva de la mano por la vida, y luego en pago, la ignoran, hablan mal de ella, la patean por el trasero y la exponen ante sus enemigos.
En muchas cosas  triunfó la UASD, y una de ellas fue el haber sido fragua, escuela política, y madre acogedora y cómplice de todas las fuerzas sociales, que lucharon por una sociedad más justa, libre y democrática, en el contexto de los 20 años que  siguieron a la muerte de Trujillo. Puede decirse que nuestra institución fue la precursora de la democracia y de la llamada sociedad civil dominicana. Años felices, de plena fusión entre la universidad y la sociedad.
Hoy la UASD necesita fortalecer su vida académica e institucional, convertirse en un referente ético de la sociedad dominicana, comprender el mundo en que vivimos, y contribuir con sus investigaciones a la trasformación de la  sociedad. Por supuesto, hay que armonizar las funciones básicas de docencia, investigación y extensión, actividades que tienen que airearse, mediante el intercambio con las  demás academias del mundo.
Nuestras deficiencias, indisolublemente vinculadas con las necesidades que tenemos, nuestros méritos, que no son pocos, porque ni somos tan buenos como queremos, ni  tan malos como dicen los permanentes detractores, necesitan  ser evidenciadas, aclaradas y solucionadas. ¿Cómo se puede relanzar una institución si no hay debates de ideas, sino existe una verdadera voluntad para mejorar y cambiar cosas? Pero también, sino hay  recursos suficientes, para cubrir los costos de las mejoras e innovaciones y la propia planificación de cara al porvenir mediato e  inmediato. No olvido las necesidades y el derecho que tiene la gente a la vida digna, que se expresa ante todo en una buena remuneración salarial.
En todas las épocas se puede luchar y reclamar, pero el modo de hacerlo, varía conforme a las circunstancias. No vivimos la época de las huelgas indefinidas, tampoco la de la creación de obstáculos para impedir que la UASD esté abierta al pueblo, cumpliendo con su misión de llevar luz, comprensión y claridad a la sociedad dominicana.
No es que no se luche, es que se sepa luchar. No es que no se necesite un aumento, claro que sí, pero la UASD que es un instrumento al servicio del pueblo dominicano, siempre tiene que estar abierta, cuando cerramos, otros florecen, cuando hay incertidumbre, los estudiantes emigran, en  fin,  cada vez que se pierde un día de clase, se lanzan a la basura millones de pesos, y terminamos por darle carga  a la batería de los que siempre están prestos a cuestionar nuestra viabilidad como academia.
 Que el Consejo Universitario asuma la lucha institucional por un justo presupuesto, estudiando, luchando y trabajando,  ahí estaremos en primera fila, evocando los años  primerizos de nuestra solidaridad con la UASD, desde los estudios  preuniversitarios.
En definitiva, ¿A quién le duele la UASD?
El autor es profesor de la UASD.
2 de febrero del 2015.


9.04.2015

Mis 30 años en la UASD


¡Treinta años!
El 26 de agosto de 1985 inicié la carrera docente en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, después de haber obtenido, mediante concurso de oposición, el puesto de monitor; dos años después, conquisto una plaza de ayudante, mediante los mismos procedimientos.
A partir de 1988 gano un concurso de oposición e ingreso como profesor provisional, y voy alcanzando peldaños hasta llegar a titular, la máxima categoría profesoral.
Fui electo y reelecto director de la Escuela de Filosofía, 1996-2002.
Fui electo y reelecto Decano de la Facultad de Humanidades, 2008-2014.
Desde marzo del 2014 ocupo el puesto de Director de Recursos Humanos Académicos.
Mi grado académico al momento del ingreso fue el de licenciado en filosofía, luego, hice una especialidad, más luego, una maestría, y finalmente, un doctorado, obteniendo los máximos honores.
En ese tiempo he publicado 6 libros, he llevado correctamente mi familia y mis amistades, y en general, trato de ser un hombre de bien. Mi padre partió a otros lares, y ahora, brego con mi madre para hacerle la vida más llevadera.
Trato de ser coherente conmigo mismo y los demás, en lo personal, nunca he ocasionado un mal a nadie, y no siento que tenga algún enemigo, aunque el mundo esté lleno de mal agradecidos, resentidos y envidiosos, tres males, para los cuales no existe cura alguna.
Estos treinta años han sido los mejores de mi vida, y mi universidad, mi Alma Mater, mi UASD, junto a mi familia, lo han hecho posible.
¡Un millón de gracias!